Glaciares Balmaceda y Serrano: Navegando al fin de Chile

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Si miran atentamente un mapa de Chile, se darán cuenta de que la penúltima franja del país, entre Villa O’Higgins y Puerto Natales, no tiene carreteras. Ni prácticamente rastro de asentamientos humanos. Esta es una de las últimas zonas vírgenes del planeta, donde la naturaleza se desarrolla con todo su esplendor. Esta tierra fragmentada, repleta de islas, islotes, fiordos, glaciares, canales, golfos y ensenadas, es un paraíso de flora y fauna que aún no ha sufrido la intervención del hombre.


Hoy es el día que descubriré los glaciares Balmaceda y Serrano. La climatología es benigna, aunque nos han informado de que todo el trayecto se hace por canales, de modo que el agua está y estará calma. Parece que difícilmente sufriré mis mareos habituales. De todos modos, no hay alternativa, este remoto y hermoso lugar solo es accesible en barco y, en el caso del tour reservado con denomades.com, fue con las más modernas y cómodas embarcaciones.

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A primera hora de la mañana zarpamos de Puerto Natales por el Canal Señoret hasta el Frigorífico Bories, una construcción industrial de estilo victoriano que estuvo operativa entre 1915 y 1971 y hoy es Monumento Histórico Nacional. Y no es para menos, este fue el principal complejo ganadero de toda la región y hoy está perfectamente restaurado. Intento imaginarme a la gente que vivió en estas frías latitudes con las duras condiciones de la época.

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Tomamos rumbo a la Isla Guanaco y en este lugar veo por primera vez en mi vida delfines salvajes, o toninas, como los llaman aquí. Gente a mi alrededor comenta que nos dan la bienvenida, pero a mí su presencia se me antoja como un aviso de que este es su territorio y solo somos invitados. Tengo una extraña sensación de estar en el lugar más remoto que he estado jamás. En la siguiente parada, en la Pared de los Cormoranes, este sentimiento de lejanía se acentúa más.

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Mi idea era ir a contemplar dos glaciares pero, como dicen los buenos viajeros, lo que importa es el trayecto no el destino final. Durante nuestra navegación, brotan cascadas de precipicios, selva fría ocupa hasta el último palmo de tierra y lobos marinos nos escoltan durante un buen rato. Nos vamos acercando a la cima del Monte Balmaceda (2.035 metros) y, mientras ando distraído admirando mi alrededor, algo me corta la respiración. Ahí está, una lengua de hielo enorme que se desliza por la ladera del cerro intentando alcanzar el agua, como una serpiente blanca sedienta. Podemos escuchar como cruje el glaciar por la presión de la enorme masa de hielo. Y como las paredes verticales que abrazan el glaciar amplifican el sonido. Este paraje es la máxima expresión de la naturaleza.

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Tras casi acabar la tarjeta de memoria de mi cámara, incapaz de captar tanta grandeza, proseguimos la navegación por el Parque Nacional Bernardo O’Higgins, el más grande de Chile con 3 millones y medio de hectáreas de superficie, hasta desembarcar en Puerto Toro. Sí, piso esa tierra, la ando y la siento. No todo es contemplación. El guía lidera una caminata por la ribera de la Laguna de los Témpanos, entre el frondoso bosque autóctono de coigües, ciruelillos y ñirres. Tras un paseo que se me hace corto por la belleza del entorno patagónico, llegamos hasta el mirador del Glaciar Serrano. Y no intentaré ni describir el espectáculo. Lo que si mencionaré es que en ese éxtasis nos sirvieron un whisky con hielo milenario. Puede que no fuera el mejor whisky que he tomado pero sí el que más a gloria me ha sabido.

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Y para acabar una ruta, nos detuvimos en el Fiordo Última Esperanza, donde nos sirvieron un almuerzo típico patagónico. En este festival de sabores intensos, fragüé amistad con muchos compañeros de excursión. Para iniciar la conversación, romper el hielo (nunca mejor dicho), era de lo más sencillo: bastaba compartir las sensaciones de lo increíble que acabábamos de admirar.


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Periodista que se aburrió de estar sentado en una redacción obligado a escribir sobre asuntos que no interesaban a nadie. Renunció y dedicó un año entero a su pasión: viajar. A su vuelta, decidió especializarse en contenidos sobre turismo y aventuras. Y este es el resultado.