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Visita Sewell, una ciudad congelada en el tiempo

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Sewell fue mucho más que una ciudad construida con el propósito de albergar a los trabajadores de la primera gran mina de Chile. Fue un lugar a 2.140 metros de altitud en el que dos culturas distintas se encontraron y convivieron, donde se estableció una normativa independiente y también donde llegaron por primera vez algunos de los más importantes avances tecnológicos del siglo XX. Sewell puede ser leída desde una óptica económica, social o histórica, y es por ello que hoy es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Además está solo a hora y media de Santiago.


Nacimiento de Sewell

En 1905 William Braden, empresario estadounidense, apostó por invertir en la mina El Teniente. Dio en el clavo: hoy es la mina subterránea de cobre más grande del planeta, con más de 2.400 kilómetros de galerías (si los uniéramos podríamos recorrer una distancia mayor a la que hay entre Puerto Montt y Antofagasta), pero entonces era un lugar perdido en los Andes sin apenas accesos.

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Algunos de los mejores ingenieros de la época fueron reclutados para hacer realidad lo que entonces parecía casi un milagro.

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Sewell en la década de los 30.

Además de modernizar la mina, había que ofrecer refugio a los trabajadores, ya que la distancia con la ciudad más cercana, Rancagua, hacía imposible los desplazamientos diarios (aunque en 1911 un ferrocarril las conectó). Era la semilla de Sewell, aunque nadie lo recuerde, una de las localidades más prósperas de Chile.

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Vista de la mina El Teniente desde Sewell. De aquí se extraen unas 400.000 toneladas de cobre al año.

Crecimiento de Sewell

Este “company town”, un pueblo propiedad de una empresa (Braden Copper Co.), tenía muchas características únicas, empezando por lo agreste de su ubicación, en la pronunciada ladera de una montaña. Su trazado, repleto de niveles y cuestas, le hizo ganarse el sobrenombre de «La Ciudad de las Escaleras». Todas las construcciones fueron construidas íntegramente en madera, y se optó por pintar las casas de colores para alegrar la vista a  los que allá vivían (a esa altitud no hay ni brizna de vegetación).

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Vista de la escalinata principal.

Como reclamo para los trabajadores, Sewell ofrecía una serie de privilegios: salud, alojamiento y transporte eran gratuitos, además de ofrecer una buena paga para la época. No faltaron los voluntarios para trabajar allá y, en su apogeo, tuvo cerca de 16.000 residentes y una extensión de más de 246.000 metros cuadrados.

Vida en Sewell

Para mantener el orden, la empresa al mando optó por una rígida segmentación social por clases en la que la élite, estadounidenses en su gran mayoría, tenían la posición más acomodada y lujosos espacios reservados. Además tenían el poder de establecer normas independientes. Una de las más polémicas era la prohibición del alcohol en toda la ciudad… aunque no faltaron los contrabandistas.

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Estatua en homenaje a los mineros que trabajaron en Sewell.

De todos modos, se intentó dotar al asentamiento de comodidades inéditas para la época. El hospital más moderno del país, con la primera máquina de rayos X e incubadoras, estaba en Sewell. Construyeron un gran cine donde se proyectaban en exclusiva muchos estrenos, había piscinas, gimnasio, centros sociales e incluso un bowling (palitroque) que aún se puede ver hoy.

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Bowling o palitroque, una de las formas preferidas de entretención de los mineros y sus familias.

La compañía propietaria de Sewell instauró también la libertad de culto y apostó por la religión como aglutinante social. Como la mayor parte de residentes eran chilenos católicos, se les construyó una iglesia en un lugar preferente. Fue restaurada y hoy se puede visitar.

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Exterior de la iglesia. A la derecha asoma la mina.
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Interior de la iglesia perfectamente restaurado.

Caída de Sewell

En 1967, dentro de la estrategia de nacionalización del cobre, Chile tomó la mayor parte de las acciones de Braden Copper Co. Casi inmediatamente, el Estado percibió que no podía hacerse cargo de los grandes gastos que suponía mantener Sewell y empezó a promover el desmantelamiento y traslado de los mineros y sus familias. Este proceso fue muy largo y hasta 1986 hubo personas habitando sus coloridos edificios.

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Vista del edificio curvo en el que hoy se encuentra el museo del cobre. Visita incluída en el tour.

Visitas a Sewell

Sewell hoy es propiedad de Codelco, que se responsabilizó del mantenimiento patrimonial y de gestionar las visitas turísticas. No está permitido el acceso por cuenta propia y son muy pocas las agencias autorizadas a hacerlo. Haz click aquí para ampliar información y precios para visitar Sewell. Salidas desde Santiago todos los sábados y domingos.

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Vista el edificio que tenía la función de Registro Civil. Nada faltaba en Sewell.

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Ubicación de Sewell


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Periodista que se aburrió de estar sentado en una redacción obligado a escribir sobre asuntos que no interesaban a nadie. Renunció y dedicó un año entero a su pasión: viajar. A su vuelta, decidió especializarse en contenidos sobre turismo y aventuras. Y este es el resultado.